glaucoma

El glaucoma es una enfermedad del ojo que nos roba la visión de manera gradual y que provoca un daño irreversible. Se caracteriza generalmente por el aumento patológico de la presión intraocular. También es conocida como la enfermedad silenciosa, y esto es debido a que no presenta síntomas en las primeras fases de la enfermedad.

Cuando aparecen los primeros síntomas nos damos cuenta de que hemos perdido la visión y puede ser que ya sea demasiado tarde.

Si no ha sido diagnosticado previamente, lo que ocurre es que se va perdiendo el campo visual periférico. Cuando la enfermedad avanza, se pierde tanto campo visual de los lados, que acaba en la llamada ‘visión en túnel’. Se estima que el riesgo de caídas en pacientes con glaucoma es cuatro veces mayor que el de una persona con visión saludable.

¿Cualquier persona puede padecer glaucoma?

Uno de los factores de riesgo más usual es el tener antecedentes familiares de glaucoma. Es más frecuente en adultos con una edad superior a 40 años y suele presentarse más en varones. Otros factores son cuando hay elevada miopía, diabetes o en la raza negra.

La presión intraocular alta puede influir en la aparición de glaucoma.

Algunas personas pueden desarrollar la enfermedad con cifras de presión intraocular consideradas normales, son los llamado glaucomas normotensivos. A partir de los 40 años se debe tomar la presión intraocular en cada revisión de nuestros ojos. Una valoración del fondo de ojo se hace fundamental para descartar la presencia de cualquier enfermedad.

Pueden existir glaucomas con presiones normales y solo se podrán detectar valorando el fondo de ojo. Nuestro nervio óptico, parte del ojo que conecta con el cerebro, se daña, perdiendo capas de fibras nerviosas provocando la ceguera.

Qué hacer para prevenir

Más vale prevenir que curar y el diagnóstico precoz es fundamental para este tipo de patologías. Una revisión optométrico-oftalmológica una vez al año, con la toma de la presión intraocular y una valoración del fondo de ojo son pruebas fundamentales. En el caso de pertenecer a algún grupo de riesgo (adultos, varones, con antecedentes, etc…) pues estas revisiones son más importantes todavía.

La pérdida de visión causada por el glaucoma es irreversible, pero si se detecta a tiempo y se sigue un tratamiento con cuidado y constancia, se puede conservar la visión.

Como ya hemos mencionado antes, es una enfermedad que se presenta sin síntomas evidentes. Existe un tipo de glaucoma, un ataque agudo de glaucoma en el que el ojo se enrojece y se produce un dolor intenso que los pacientes refieren como dolor de clavo. Incluso puede ir acompañado de nauseas y vómitos. En estos casos, se debe acudir directamente a urgencias.

El tratamiento indicado por el especialista debe cumplirse a raja tabla. La mayoría de los pacientes son de avanzada edad, por lo que se debe controlar que se apliquen el tratamiento de manera adecuada. El paciente glaucomatoso lo es de por vida y será dependiente de su medicación pero esto no implica que disminuya su calidad de vida.

Junto con el tratamiento farmacológico es muy importante cuidar la dieta. Aumentar el consumo de frutas y hortalizas, cereales integrales y frutos secos, limitar la ingesta de grasas y sal. No debemos olvidar los antioxidantes: vitamina A, presente en los cereales, en el melón, el melocotón, vitamina B, C, etc.

El paciente con pérdida de visión por este tipo de patología es considerado paciente de baja visión. Existen servicios y aparatos que pueden ayudar a aprovechar el resto visual que le queda a estos pacientes, como son la lupa televisión o un determinado tipo de lupas o instrumentos que aumentan las imágenes observadas. La detección precoz es fundamental.

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